Hace más de cinco años que nada se sabe de una mujer que desapareció en Laboulaye. Su madre, quien lleva una lucha buscando justicia, insiste en que fue asesinada.
“Mi hija ha sido asesinada. La engañaron, la llevaron a un campo y la terminaron matando. Luego hicieron desaparecer el cuerpo y nadie hace nada. Y el asesino y sus cómplices se siguen moviendo impunemente”. Con tono firme, aunque sin dejar el dolor y la angustia, habla Ana María Dalton (74) respecto a la suerte corrida por su única hija, Andrea del Fa Svolos, una mujer de 37 años a la que pareciera haberse tragado la tierra en diciembre de 2006 en Laboulaye, al sur de Córdoba.
A casi 62 meses de su desaparición, sigue sin saberse nada de ella. Se hicieron diversos allanamientos, se realizaron excavaciones en campos, se ofreció una recompensa y hasta ahora no se obtuvo ninguna prueba contundente, firme, sobre la suerte corrida por esta mujer de nacionalidad estadounidense y argentina.
Andrea, una joven con trastornos de bipolaridad y madre de cuatro hijos (aunque la Justicia le había retirado la tenencia de todos), estaba embarazada de ocho meses cuando desapareció en la noche del 6 de diciembre de 2006.
La joven se había encontrado con un productor agropecuario de aquella zona, con quien supuestamente tenía una relación sentimental y que le pagaba el alquiler en una pensión.
Dalton señala que su hija estaba esperando un hijo de él. Con un cúmulo de pruebas suficientes, la fiscal de Laboulaye, Lelia Manavella, ordenó diversos allanamientos, uno de los cuales se efectuó en un campo de ese productor, con resultado negativo. Efectivos de Policía Judicial efectuaron excavaciones (el hombre estuvo presente) y hasta se verificó en el tanque de un molino de viento. Pero nada. Ni noticias de Andrea.
Ana María Dalton libra una incansable lucha en busca de justicia y no ahorra críticas para la investigación. Incluso para la Policía local. “La causa de mi hija está paralizada. A nadie le importa ya. Hay silencio absoluto. Yo, como madre, voy a preguntar a la fiscalía, pero no me dicen nada”, dijo.
En Laboulaye fueron varias las marchas que la mujer hizo por las calles, para exigir respuestas. Escribió cartas a distintos estamentos (incluida a la presidenta Cristina Fernández) clamando por ayuda.
Este diario no pudo obtener una precisión por parte de la fiscal Manavella. Sin embargo, en un contacto telefónico realizado el año pasado, la funcionaria refutó las críticas de la madre de la desaparecida y dijo que se “sigue trabajando, aunque lamentablemente no haya respuestas”.
¿Fiesta sexual? ¿Drogas? Dalton insiste en que su hija fue asesinada en el marco de una “fiesta sexual” y, si bien asegura que hubo “varias personas involucradas”, sospecha directamente del hacendado bajo investigación. Tampoco descarta que detrás de la “desaparición forzada” de la mujer esté el trasfondo de la droga. “Ella viajaba mucho. Iba a Rosario, a Buenos Aires. Para mí que la usaban como ‘mula’ para transportar droga”, afirma Dalton.
“Mi hija sufría de bipolaridad. Tenía problemas con el alcohol y algunas sustancias, yo logré sacarla de los ambientes bravos en los que se había metido. Pero no podía controlarla”, sostiene resignada.
La noche de la desaparición, Andrea estaba por cenar con unos amigos en una pensión de Laboulaye, cuando ella dijo que tenía que salir para encontrarse con el productor rural, un hombre más grande que ella.
“Esa misma noche la mataron”, afirmó Ana Dalton.
El hacendado bajo sospecha declaró ante la Justicia que, si bien estuvo con la joven aquella noche de diciembre, la llevó en su camioneta hasta una estación de servicio ubicada en la ruta 4 y que, cuando él se bajó para comprarle algo para que tomara, ella se bajó del vehículo y desapareció. Incluso, dijo que la mujer le sacó un sobre con unos 1.800 dólares.
Sus compañeros de pensión también relataron que la última vez que se supo algo de Andrea fue cuando se encontró con ese hacendado rural.
Pedido desesperado. “Me gustaría que la encuentren, aunque haya sido asesinada. Quiero tener sus huesos para poder darle el último adiós y que sus hijos puedan ir a darle una flor”, indicó Dalton.
En la actualidad, los hijos de Andrea tienen 20, 15 y 10 años.
Por momentos, Ana Dalton siente que pierde sus fuerzas ante el paso del tiempo y la falta de respuestas. No son pocas las veces que siente que está haciendo sola esta lucha por la verdad y la justicia.
“A esta altura de mi vida, sólo pido que Dios se encargue del asesino y le dé castigo, ya que la justicia de los hombres no lo hace”, concluyó.
